viernes, 25 de noviembre de 2016

Un Hombre, Un Educador, Un Santo
José de Calasanz
Nacido para Educar


La maestra le asigna a mi hijo una tarea, crear un cuento relatando la vida de Calasanz, para hacerlo en casa junto con sus papás. Pues, aquí va lo que surgió.  En esta semana que estamos de aniversario, éste es nuestro regalo para nuestro Colegio y para Calasanz...


        
“José, José, José¡” Llamaba a viva voz, Doña María, a su hijo más pequeño. El menor de ocho hermanos. “¿Dónde se habrá metido ese niño?”

         José se encontraba encaramado en lo alto de un árbol, jugando, simulaba que luchaba contra el demonio. Ya existía en su corazón el deseo de cambiar el mal por el bien.

         “¿En serio mamá, San José de Calasanz fue un niño como yo, le gustaba jugar, hacer travesuras, sus papás lo regañaban, tenía que ir a la escuela y estudiar?”. Luis, escuchaba atento la historia que su mamá le contaba y le sorprendía descubrir a un Calasanz hombre, con una historia similar a la de cualquier niño. “Jajajajajaja, sí mi Luis, Calasanz fue un niño como tú, claro que iba a la escuela, era muy buen estudiante, estudió Teología y Derecho.” Luis prestaba mucha atención intentando guardar en su memoria todos los detalles, pues su maestra le mandó de tarea hacer un cuento de la vida de San José de Calasanz. “Mamá, yo sé que nació en España, en Peralta de la Sal, pero no sé la fecha”. La madre de Luis piensa un poco, no es muy buena recordando las fechas, hasta que le responde, “nació el 11 de septiembre de 1557, pero por si acaso busca en google”.

         José perteneció a una familia acomodada, era el hijo del Gobernador de la región, Don Pedro Calasanz. Sin embargo esta condición no evitó que enfrentara varias vicisitudes a lo largo de toda su vida. Huyendo de la tentación se muda de ciudad para culminar sus estudios. Cuando su Padre lo llama: “José, debido a la muerte de tu hermano mayor, te corresponde ser mi heredero y ocuparte de la casa”, José responde enérgicamente: “No, mi vocación es hacer la carrera Sacerdotal”.

         Luis, interrumpe de nuevo a su madre, “Guao, mamá, se enfrentó a su papá, le dijo que no, yo no sé si soy capaz de hacer eso”. La madre mira a su hijo con ternura y le dice: “Aprenderás a defender tus deseos y tus sueños, siempre que sean buenos para ti y buenos para los demás”. Luis responde, “Sí mamá, eso espero. Oye, hay algo que no entendí, ¿qué es eso de la tentación?”. La mamá sonríe y le explica con sencillez: “Evitó enamorarse de una mujer”. “Ah claro, si iba a ser cura no podía casarse”.

         En 1583, José es ordenado Sacerdote, era ambicioso, fue ocupando distintos cargos dentro de la Iglesia. Decide ir a Roma en busca de una Canonjía.

         “Ya va mamá, ¿qué es eso?”. “Bueno mi Luis, es un alto cargo para un sacerdote”. “No sé mamá, ¿acaso Calasanz quería lucirse?”. “Jajajajajajajaj, sí, algo así”. “Mamá mi grupo de MIES se llama Navegando hacia Roma, tiene que ver con esta parte de la vida de Calasanz”. “Así es, mi Luis”.

                  En Roma, José fracasó en cada uno de sus intentos por lograr la canonjía, le resultó más difícil de lo que pensaba.  Se dedica a las obras de caridad y conoce los barrios de Roma. Vio la pobreza, los niños sin educación, violentos, sin casa. En uno de esos barrios, el Trastevere, encuentra su verdadera vocación.

       
  “Traste… qué”. “Trastevere, es un nombre relacionado con un río que se llama Tiber, en italiano Tevere. Tras, es como decir detrás, así que el nombre del barrio significa –detrás, o a un lado, del río Tevere o Tiber-“. “Sí, sí, ok, continúa”.

         Después de tantas dificultades, al fin parece que le puede llegar lo que tanto había ansiado, pero el corazón de José había sido tocado por Dios, algo en él se había transformado, no pudo ignorar la realidad: “He hallado en Roma la mejor forma de servir a Dios ayudando a los niños más pobres y no lo dejaré por cosa alguna en el mundo”.

         “Es cuando funda la primera Escuela, verdad mamá”. “Sí, funda la primera Escuela Popular y Gratuita de Europa. Y sabes dónde lo hizo”. “En una iglesia, Santa Dorotea, creo que se llama así, o San Pantaleón”. “Muy bien, primero en Santa Dorotea, ya Calasanz tenía 40 años. Luego se traslada a San Pantaleón, donde actualmente está la sede de la Congregación”. “Qué fino mamá, si vamos a Italia la visitamos”.

         Calasanz funda la congregación En 1617, enfrentó grandes dificultades, fue perseguido por sus ideas progresistas, por querer educar a los más pobres y marginados, dentro de la orden hubo divisiones, fue llevado a juicio.

         “Cómo¡, llevado a juicio, ¿estás segura mamá?, ¿lo metieron preso?”. “Sí estoy segura Luis. No fue preso. Padeció el sufrimiento de ver su obra destruida o casi destruida”. “¿Y qué hizo?”. “Con paciencia y esperanza se mantuvo fiel a sus convicciones y siguió luchando por la permanencia de sus escuelas”. “Y lo logró mamá, porque hoy hay muchas y en todo el mundo”. “Así es Luis, Calasanz es ejemplo de humildad, de esperanza y de perseverancia”.

         Calasanz muere el 25 de agosto de 1648 viendo su obra casi destruida por completo. Luego la congregación es restituida. Hoy el sueño de Calasanz pervive. El 7 de agosto de 1748 es beatificado, y canonizado el 16 de julio de 1767.

        
“Mamá, mi maestra nos explicó que el desfile del aniversario del colegio está relacionado con algo que se llama año jubilar”. “Sí mi Luis, este año celebramos los 400 años de la fundación de la Congregación Escolapia, 250 años de la canonización y nuestro colegio cumple 64 años”. “Guao, mamá son muchos años. Sabes, mi abuela tenía más años que el colegio”. “Jajjajajajaja, Sí Luis, a lo largo de los años se acumula experiencia y aprendizajes”.








Dedicado a la Abuela Lourdes.


Mujer, maestra y casi santa.
Al igual que Calasanz, nacida para educar.


Luis Alfredo Varguillas y
Marirrosa Carrera
25 – 11 - 16

          

domingo, 14 de febrero de 2016

Después de un año....


La vida de cada uno es como un mar inmenso, cada uno con unas cuantas barcas atracadas, con un tiempo preciso para desamarrar y emprender viaje. Siempre habrá alguna que parta primero, otra a la que le toque ver partir y esperar.

De mi vida han partido ya tres barcas, los hombres de la casa decidieron irse adelante. Como en aquel viaje que hicimos a España. Quizás fue aquello una cosa premonitoria. Mi padre y mis dos hermanos viajaron antes, nos esperaron en Madrid. Nosotras, las mujeres, mi mamá y yo, nos fuimos un poco después. Las dos mujeres, yo apenas con cinco años, solas en el avión, intentaba sacarle conversación a mi madre, que estaba totalmente petrificada presa del miedo. Creo que quería tranquilizarla, ella me pedía que me callara, mientras el avión despegaba, yo me sentía tan feliz y emocionada porque al fin andaría entre las nubes. Viajábamos para encontrarnos y estar juntos en unas vacaciones muy diferentes. Recuerdo que ya instalados en un hotel de Madrid, estando en el cuarto, mis hermanos me dieron un regalo de bienvenida, una sorpresa, se escondieron debajo de la cama y asomaron un muñeco absurdo, lo movían como si tuviera vida propia, un perro vaquero amarillo pollito con pantaloncillo, sombrero y pistoleras azul eléctrico, no sabía si sentir miedo o agrado. Esos tres hombres escogieron ese regalo para hacerme sentir bien y mostrarme su alegría por nuestro encuentro. A veces las elecciones de los hombres puede resultar la cosa más incomprensible.


Hoy se me ocurre, que este tiempo es de espera y de preparación, voy dándole ánimo a mi mamá mientras disfruto de mi hijo. Hasta que Viajemos de nuevo, para encontrarnos una vez más y volver a estar juntos en un tiempo y lugar muy diferentes.

La única vez que soñé con mi padre después de su muerte, lo vi caminando con paso corto firme y apresurado, así mismo caminó siempre en su vida. Siempre hacia adelante con la mirada en alto. Es imposible que esté quieto o descansando. Mis hermanos deben estar poniéndose al día, escuchando buena música y jugando al fútbol. Mientras nos esperan.

Ya escribió alguna vez Antonio, el más sabio de los tres, “la vida es irse para regresar y volver a irse, la vida es terminar para empezar de nuevo y volver a terminar”.

Tal vez la vida no sea mucho más que esto, camino, viaje y espera.

He vivido este año como un adicto confeso en rehabilitación. Como un bebé que se inicia en la vida. Si lo superé es porque puedo continuar.

Hoy, no dudaré en traer a mi memoria los mejores recuerdos, con cada uno reiré, reiré mucho y sin reparos. Tal vez beba, no será whisky puro con hielo entero, si bebo serán al menos tres frías bien frías. Veré un juego de futbol. Escucharé buena música, de preferencia el mejor rockandroll. Cantaré, no bailaré. Ya no tengo con quien conversar, pero recordaré las mejores y más largas conversas, esas que duraron hasta el amanecer. Estaré al lado de Lourdes. Seguiré siendo feliz junto con la felicidad de nuestro Luis. Éste será mi mejor tributo.

Hoy, también es un buen día para agradecer a todos los que me acompañaron y ayudaron. Vecinos y amigos que hicieron posible que pudiera enfrentar aquel momento, salir adelante e ir viviendo cada uno de estos 365 días.

La vida ha de poner a mi alcance la mejor forma de retribuir tanto como he recibido.

Los Carrera somos personas que sabemos vivir, y hasta ahora los hombres han sabido morir. Nada más ni nada menos, el día del amor y la amistad, el gran Ramón, el mejor de todos, sigue estando en cada uno de nosotros. 


sábado, 31 de enero de 2015

UN POEMA PARA CALASANZ


A mi hijo, estudiante de tercer grado, le asignan la tarea de crear un poema para Calasanz... Pasamos días pensando cómo hacerlo... Ni él, ni yo poetas... Lo que hacíamos era repasar algunos aspectos de la vida del Santo... Los versos no salían... Pasó el día de la entrega de la tarea y nada... Un día, camino a Caracas, en la madrugada, recordé los versos de W. Whitman, (realmente pensaba en la película protagonizada por el fallecido Williams). Desperté a Luis... Fueron saliendo los versos. Gracias a la tarea de la maestra (Ramagly Zerpa), gracias a una película y a los versos de uno que sí es poeta; aquí dejamos...

Y al fin pudimos entregar la tarea... (Porque los versos nacen, no se hacen).

sábado, 8 de febrero de 2014

SITUACIÓN RELIGIOSA EN 5 APARTADOS

SITUACIÓN RELIGIOSA EN 5 APARTADOS
ESTADO:
o   No para mí
o    Creer por deber 
o   Creer para ser
o   Aprender a creer
o   Creer y ser feliz
1.   La religión NO es sagrada, NO es mágica,  puede ser una costumbre e impone obligaciones.
Quienes dicen no creer en la religión, ni en Dios, ni en la Iglesia, ni en los curas; lo hacen porque:
·         Ven que las mismas personas que dentro de una Iglesia rezan, se arrodillan y muestran respeto; son las que fuera de ella hacen lo que quieren y como quieren.
·         Rezan, hacen promesas, van a misa; y nada de esto es suficiente para que Dios les conceda un milagro, porque nada de esto es suficiente para evitar una desgracia, porque sienten que Dios no los escucha o se ha olvidado de ellos.
·         Tiene obligaciones absurdas como eso de amar al prójimo como a uno mismo o amarse los unos a los otros como Dios nos ama.
·         Si no cumplimos con las leyes, Dios nos castiga, así que lo resolvemos no creyendo en Dios. Si desconocemos a Dios, desconocemos sus leyes y por lo tanto no podemos ser castigados.
·         Quienes son los representantes de Dios y de la Iglesia son hipócritas, corruptos y pervertidos.

2.   Esta religión (la del apartado 1) no resuelve los problemas de nadie, al contrario puede hacer que la persona se hunda más en sus problemas, que los evada, que busque soluciones por caminos equivocados. Una sociedad con esta concepción de la religión, es un grupo que podrá avanzar en lo económico, en lo tecnológico y quién sabe si hasta en lo político, pero en el fondo es una sociedad infantil, inmadura, supersticiosa. Así como es el pueblo de Macondo en su etapa de falso progreso. Así como son la mayoría de nuestros países latinoamericanos. Así como somos en este territorio nuestro que tanto presume de ser patria.

3.   Mi aprendizaje de la religión es el producto de una mezcla entre una madre creyente para quien la religión es sagrada, mágica, una obligación social y así como le teme a Dios, le teme a todo lo demás. Un padre, fervoroso ateo, creyente sólo en sí mismo. Y un grupo de monjas muy adustas, muy rígidas y dispuestas a todo con tal de que las leyes divinas y sus propias leyes se cumplan. De manera que pasé de creer a no creer para volver a creer. De mi madre aprendí el respeto, la costumbre, el miedo y la magia. De mi padre aprendí la actitud crítica, la duda y el fervor. De las monjas, sin duda alguna, la obligación. Luego la vida se encargó de ponerme en situaciones difíciles y tristes que me ayudaron a fusionar todo eso hasta convertirlo en una creencia buena, tranquila, que me ayuda a aceptar lo que no entiendo, a aceptar lo que viene dado y a enfrentar la vida con fortaleza y optimismo.

4.   Estoy convencida de que los sufrimientos alimentan y fortalecen el alma. Las dificultades, los obstáculos, ayudan a vivir. Esto es así sólo cuando uno es capaz de asumirlos como una parte de la vida, cuando logramos entender que así como las alegrías están ahí para uno, las tristezas están ahí para uno. Y la vida es y será más, mucho más, que el resultado de la sumatoria de la actitud que asumamos ante las alegrías y ante las tristezas.

5.   Aprendí a ser feliz cuando logré estar en paz conmigo misma. Cuando acepté mi vida. Cuando acepté la muerte de mi hermano mayor. Cuando acepté la muerte. Cuando hallé el sentido de mi vida. Cuando pude centrarme. Cuando alcancé objetivos. Cuando mis pasos tuvieron un destino. Aprendí a ser feliz, y aún sigo siéndolo…

Caracas, 31 de octubre de 2011


sábado, 14 de diciembre de 2013

VOY A PONERLE TU NOMBRE A ESTE SENTIMIENTO....



Voy a ponerle tu nombre a este sentimiento.
Voy a etiquetarte en este estado de mi corazón.
Voy a mandarte mil mensajes de texto
y vas a enfurecerte.
 (No, no lo haré. No esta vez)
Voy a decir(me) que te amo, sin ningún tipo de pudor.

Voy a sonreír cada vez que te piense.
(Cada vez que te piense, voy a sonreír).

Serás  un amor secreto,
estarás oculto en mi corazón
y nadie, nadie lo sabrá.

Voy a ponerle tu nombre a este olvido.
Voy a etiquetarte en este estado de mi memoria.

Voy a escribir mil mensajes de texto
(Y no voy a enviar ninguno).

Voy a callar este sentimiento.

Voy a acallar mis sentimientos.

Voy a ser testigo de tu felicidad.

Voy a guardar todo mi amor en mi silencio.
Voy a aguardar en mi silencio todo tu amor.

Y luego,
voy a lanzar mi silencio al fondo del mar.

Y con tu silencio
voy a construir una torre,
una torre muy alta,
una torre muy distante
del fondo del mar.

Voy a soñarte en mis noches
y voy a olvidarte en mis días.

Voy   a  cerrar mis ojos
y vas a estar ahí…

Y voy a estar aquí…

Muy lejos...

Muy , muy lejos...
14 de diciembre de 2013










martes, 3 de septiembre de 2013

LUNA NEGRA, HECHIZO DE INTERLUNIO



En tiempos de eclipses de Sol sabía que debía quedarse tranquila. Era tiempo para acumular energía, nada de emociones, nada de actividades. No era tiempo para tomar decisiones, mucho menos para arriesgarse.





La madre de la Luna había sido un ser estricto. Fue criada bajo normas indiscutibles, inquebrantables. No siempre estaba de acuerdo con las obligaciones impuestas, pero las cumplía. No siempre compartía las sentencias, pero las aceptaba. No siempre sentía que quería a su madre. Pero la amaba. Tal vez fue por la distancia, tal vez fue por una fobia que desarrolló desde siempre, era una luna con neofobia. Tal vez fue por ambas cosas. Casi toda su vida la había vivido así. Ya se había hecho a la idea. Resultaba bastante cómodo. Y triste.


Había escuchado la Luna, de sus otras amigas Lunas, historias fantásticas de un tal Lobo. 



Era el Lobo un ser misterioso. Se transformaba en hombre para esconder lo peor del lobo y escondía lo peor del hombre tornándose en animal. 

Lo conocía sólo por referencias. 

Les parecía muy extraño, a sus amigas, que el sol de la noche aún no la hubiera cautivado. La Luna negra sí sabía por qué. Ella permanecía oculta. Eran tiempos de eclipses de Sol.

A la Luna oscura le basta con oír las historias de sus amigas lunas, llenas de picardía, de excitación, de amor, de sensualidad y de erotismo. La mayoría de esas historias, todas reales, tienen finales infelices. Las otras Lunas disfrutan y sufren por igual. Se ha convencido a sí misma de que eso no es para ella. Mientras no hace nada sueña historias similares dándole alternativamente finales afortunados y desventurados. Está convencida de que para ella es una gran suerte, lo peor que puede ocurrirle es despertar de uno de sus ensueños.

Por naturaleza, era el Lobo un ser malvado. Para una Luna iluminada sólo era posible conocerlo en su forma animal. Difícil de creer resultaba aquella parte de la historia en la que el instinto se venía en razón, en la que lo feroz se volvía humano. Parte ésta, sin duda, irreal maravillosa. No obstante, era esta porción de la historia la que más encantaba a la Luna Negra, aunque ficticia y extraordinaria, pensaba que podría ser real, creía que de suceder, tendría que sucederle a ella. Y si era de esperar, esperaría la vida entera.


El resto de las Lunas viven su tiempo en periodos exactos de 28 días. La Luna en cuestión no tiene que contar, el tiempo no pasa, está detenido en un eclipse de Sol. La obnubilada Luna ve pasar todo sin que para ella pase nada. No se emociona, no se excita. Nada crece.




Hasta que un día sintió algo. Creyó escuchar y ver algo, pero la distancia no le dejaba definir de qué se trataba. Para esta alucinada Luna era algo totalmente nuevo. Nuevo y distante. Nefasto sería aquello. Le inquietaba, le turbaba, le provocaba. ¿Cómo era eso posible en tiempo de ocultaciones? 

Cómo llegaban, no lo sabía. Llegaban de muy lejos. Eran mensajes. Mensajes inaccesibles, mensajes humanos, mensajes de un Hombre. Mensajes de amor. Ésta no era una de sus figuraciones. No era una historia fraguada en sus fantasías. ¿Sería que había despertado? Como no podía estar completamente segura, como aún cabía la posibilidad de que todo fuera producto de su imaginación, la Luna no sólo recibió los envíos, la Luna respondió.

El tiempo empieza a pasar y ella no se da cuenta. Está sucediendo, le sucede a ella. Está por conocer lo que ninguna Luna ha podido. Una Luna ciega verá lo que se ha negado al resto de las Lunas.

Al principio los mensajes eran esporádicos, pero puntuales. Luego se hicieron constantes y abundantes. Cada mensaje viajaba una distancia incalculable soportando la gran carga de la mayor suma de amor. 

El Hombre le dice que la quiere, el Hombre le habla de su palidez y de sus dunas como atributos de belleza, el Hombre la divierte, la conmueve, el hombre es su compañero, el Hombre se hizo un ser necesario. (No tanto él, más bien sus mensajes). La Luna no entendía. No sabía quién era, no sabía cómo era. Sabía lo que le hacía sentir con cada mensaje, hasta que dejó de importar el contenido de éstos, bastaba con que llegaran para que toda ella se estremeciera. La ofuscada Luna no podía comprender que ese ser sintiera tanto, aún menos que la hiciera sentir tanto. La Luna empezó a creer. 

Había sido Selene, una mujer de una belleza inusual. De un andar suave, imperturbable, imperceptible, de una palidez que irradiaba una tenue y cálida luz que iluminaba todo a su alrededor. Cautivadora mirada, hermosos ojos, de gatos parecían sus ojos. Su sonrisa, tal vez era lo mejor, siempre su sonrisa. Misteriosa mujer que inspiraba seguridad. Aunque triste contagiaba alegría. Solitaria mujer, blanco de muchos admiradores. La madre Luna solía contarle a su hija la historia de Selene, con el fin de advertirle y alejarla del peligro. Selene se enamoró perdidamente del Hombre que la engañó, la despreció y la dejó apagándole la mirada y robándole la sonrisa. Selene al saberse embarazada, desesperada sin saber qué hacer, huyó lo más lejos que pudo, cuando dio a luz se dio cuenta de que su hijo no era un Hombre. Era un Lobo. Selene lo crió y lo amó. Quiso protegerlo de él mismo, nunca le contó lo que se escondía dentro de él.



Le invadía un miedo incontrolable y una profunda tristeza, cada vez que escuchaba, de los labios de su Madre Luna, aquella leyenda. Y le quedaba además una extraña sensación, como si no se tratara de una historia ajena, como si se tratara de una historia real, como si su madre estuviera contándole su propia historia.

De pronto no llegaron más mensajes. De pronto el Hombre ya no estaba. De pronto aquel amor humano había desaparecido. Era tarde, la Luna había creído. La Luna había amado. Era tarde, la Luna se encontraba en periodo de crecimiento. Era tarde, estaba pasando, el tiempo pasaba, se movía, crecía. Era tarde, era luna iluminada.



Unos ojos miopes buscan algo en el cielo. Lejos, abajo, sobre la superficie hay en reposo un cuerpo viril, fogoso y famélico. Está de paso, alza la mirada, aunque no encuentra lo que busca, el novilunio lo impresiona, por un instante se deja cautivar abandonando su pensamiento, su corazón, vacía todo su sentir, cede a la inmensa oscuridad pensamientos hermosos, seductores, sugestivos. Le habla de amor a la noche. Enamora a la nada. Estará allí sólo por un instante, luego se irá. Le sorprende que la negrura le responda. Le sorprende la respuesta. Y continúa ahí. Pasa así un tiempo agradable. Después de un rato se halla vacío, sin más qué pensar, sentir ni decir. Comienza verse a lo lejos, en lo alto, algo de luz. Ya no hay más, baja la mirada y sigue con sus pasos. No supo nunca lo que realmente sucedió… Más adelante hallaría lo que buscaba.

Crecía algo en la luna, se hizo la luna plenitud, plena de luz, plena del amor más grande, plena de vida. Estaba en cinta la Luna. La Madre Luna lo sabía, fallidos habían sido todos sus intentos. Ahora, era sólo cuestión de esperar cuál sería la verdadera naturaleza del ser engendrado.


Sigue la luna esperando que los mensajes vuelvan, que el hombre pase, se detenga y no pase más. Sufre la luna. Siente dolor allí, justo donde no hay nada que duela y por eso, es donde más duele. Siente la luna el amor más difícil. Un amor que la hace feliz y la hace llorar. Un amor que la llena. Plenilunio de vida. Plenilunio de amor. 


Nunca sabrá el hombre cuánto hace llorar a la luna, cuánto hace amar a la luna. Nunca sabrá el hombre que la luna siempre estuvo allí, que la luna le respondía, que la luna vivía, que la luna sentía. Nunca sabrá el hombre que fue él y solo él, quien hizo crecer a la luna.

El sol de la noche encanta a todas las lunas, menos a esta luna embarazada. Menos a esta luna enamorada. Ella conoce el secreto de esa historia misteriosa, de esa mentira piadosa que es el lobo. El hombre ha sido víctima de su hechizo de amor. No podrá escaparse ninguno, ningún hombre capaz de mentirle a la luna.





Ahora pasa el tiempo. Vuelven los eclipses de sol. Vuelve la fase de ocultación. La Madre Luna no ha contado más la historia de Selene. Siguen pasando eventuales pasajeros. Aquel transeúnte miope no pasó más. La Luna sigue amando. La Luna sigue esperando. No dejará de ser luna enamorada. Ahora es Luna Madre. Es madre de un Hombre. Esta vez, no huyó.


05 - 09 - 2011

SIMÓN, EL MENSAJERO DE LA PAZ

Ésta es la historia de Simón, una paloma muy distinguida, perteneciente a la no menos distinguida familia de palomas mensajeras.

         Simón, siendo aún muy joven, ha logrado graduarse con honores en la profesión que han ejercido todos sus ancestros. “La Mensajería” es la mayor aspiración que pueda tener toda paloma que se respete. Esto no significa que el oficio del resto de las congéneres de Simón no sea loable, ni mucho menos, al contrario, ¿qué sería de las plazas sin ellas?, ¿cómo se divertirían niños y adultos sin lanzar cotufas a las palomas o corretearlas alrededor de las adustas estatuas que suelen colocar en medio de las plazas?

         Las mensajeras comprenden que las palomas grises poseen toda la libertad, surcan el cielo y sólo se detienen cuando así lo desean o si sienten hambre. Pero, qué saben ellas del valor de la libertad o de las cosas importantes. Simón, al igual que el resto de sus congéneres, está convencido de que ellas desconocen algo que sólo las palomas mensajeras pueden saber.

        
Arriba, arriba, muy alto, un proyectil alado dibuja rectas, curvas, círculos de satisfacción en el azul celeste. De pronto frena su júbilo, como quien advierte el olvido de lo más presente que tenía, levanta su frente tanto que su visera no le impide ver más arriba de lo más alto, inspira hondamente hinchando mucho más su robusto y nevado pecho, finalmente cruzando sobre éste su ala derecha, se le escucha decir en tono solemne:

-La libertad tiene sentido en tanto nos permita hacer el bien. Dominar el firmamento pierde importancia si nos impide divisar el horizonte. 

         Ese es el lema que todas las palomas mensajeras aprenden a fuerza de repetirlo cada mañana antes de comenzar la jornada.

         Simón está seguro de saberlo todo…

         Pues bien, ha llegado el momento, titularse no es suficiente, ahora es necesario cumplir con la labor que le corresponde. El recién graduado alista sus alas con ejercicios que bien ha aprendido en la escuela de mensajería: arriba, abajo, uno, dos, tres, cuatro y uno, dos, tres, cuatro y uno… Luego se asegura de que su visera esté brillante y quede bien ajustada en su frente, después asienta el hermoso plumaje blanco de todo su cuerpo.

         Simón está listo, llegó, al fin, el momento anhelado.

        
“¡Seré el mensajero de la paz!” Se imagina llevando la paz por todo el mundo. La gente aclamando: -¡La paz ha llegado! –Una paloma mensajera la ha traído. Ramos de rosas y jazmines, corona de laureles. El mensajero es admirado por todos. Simón es un héroe…





         El incauto novato es despertado bruscamente de su sueño. El mensaje que debe llevar no es tan trascendental como el que él esperaba. Sucede que a Doña Rosita, una coneja muy simpática, se le adelantó el parto, así que la primera misión del pequeño soñador consiste en avisarle a la cigüeña de guardia, que el lunes a las seis de la tarde, en punto, debe presentarse en la madriguera de la futura madre. ¡La encomienda es de suma urgencia!


         Cabizbajo y desmoralizado se encuentra el ingenuo Simón, sin embargo, desde su garita eleva el vuelo para llevar a cabo la labor encomendada. Si no fuera por el viento las lágrimas hubieran empañado su visión. Aunque recibió honores por su vuelo impecable a gran altura recorriendo distancias infinitas a velocidades incalculables, esta vez no logró un desempeño destacado. Sus alas sentían el peso de la decepción mientras la realidad recién descubierta se atoraba en su garganta ahogando su dulce grajeo. Parece mentira, por un momento recibió un segundo bautismo, fue un breve, un sublime consuelo celestial… En la mente un único pensamiento: “La responsabilidad ante todo, yo cumplo con orgullo, como si fuera el importantísimo mensaje de la paz, ¡yo cumplo!, ¡yo tengo que cumplir y lo haré muy bien!”.



         Apacible y quieto está de regreso, con su orgullo menguado, defraudado. Mientras vuela piensa en abandonarlo todo. Es menester recordar que se trata de un palmípedo joven e impulsivo, aún no ha aprendido a esperar su momento.


        
Desde lo alto divisa a un grupo de palomas en una plaza, retando su instinto, (es sabido por todos que la paloma mensajera se distingue por su instinto de volver al palomar desde largas distancias), decide bajar para conocerlas. “¡Quizás ellas sean mis futuras compañeras!”. El confiado recién ex – mensajero desciende y se posa en el hombro de la estatua de un antiguo filósofo griego, en el otro hombro reposa una paloma visiblemente mayor de plumaje apizarrado. Simón socializa con ella, le cuenta lo sucedido haciéndole saber que podría interesarle ingresar a su grupo de palomas de la plaza. La del plumaje oscuro lo mira con reprehensión, pero al advertir su juventud comprende su premura y su osadía, entonces decide no lanzarlo de allí, aunque se moría de las ganas de hacerlo, en lugar de ello le habla con toda la sabiduría que ha cultivado en todos sus cuantiosos años de larga vida.


         No se sabe con certeza lo que conversaron, lo cierto es que pasó largo tiempo mientras la vieja apizarrada hablaba, hacía muchas preguntas y el parvo níveo escuchaba, respondía y a veces replicaba. Al finalizar el diálogo, el nuevo discípulo se despidió con promesa de volver, aquella plaza sería escala obligada en todos los viajes de Simón, el eterno mensajero. Acto seguido emprendió vuelo, esta vez voló más alto que nunca.  



Mayo, 1999